Soy Emanuel Rodríguez, el autor de El mapa nuevo. Este libro salió de una historia que no es solo mía, y sé que a algunas personas les va a remover la suya. Si vas a escribirme, quiero decirte antes, con claridad, qué pasa con lo que me cuentes.
Lo que llega a mí es lo que tú escribas: el nombre con el que quieras que te llame, un correo para poder contestarte, y tu mensaje. A veces ese mensaje trae cosas delicadas — un diagnóstico, un tratamiento, lo que le pasa a un hijo. La ley llama a eso datos personales sensibles, y con razón: no es información cualquiera. Por eso te pido que la compartas solo si tú quieres, y por eso la casilla del formulario está ahí, sin marcar, esperándote.
Lo que hago con eso es leerlo y contestarte. Nada más. No hay lista de correo y no hay anuncios. Tu mensaje me llega a mi correo personal —que está en Gmail, como el de casi todos— y además queda guardado en un archivo de mi computadora, que solo abro yo desde una página con contraseña: ahí es donde lo leo y lo respondo. No lo comparto con nadie ni lo subo a ninguna otra parte. Si nunca confirmas tu correo, tu mensaje no se envía y todo lo guardado se borra solo al cabo de un mes.
Del sitio sí llevo una cuenta, y prefiero decirte exactamente qué veo. Veo cuánta gente entra, qué capítulos abre, hasta dónde baja en la página, cuánto rato se queda y qué episodios escucha; veo también de qué país llega y con qué navegador, y si vino siguiendo un enlace, de dónde. Lo que no veo es quién eres. El programa que lleva esa cuenta corre en mi propia computadora y no pone cookies. Tu dirección de internet se usa el instante justo para saber de qué país llegas y para no contarte dos veces el mismo día, y no se guarda: al día siguiente no hay forma de reconocerte. Los números me dicen que trece personas terminaron el capítulo siete; no me dicen sus nombres. Cloudflare, la empresa por cuya red pasa el sitio para llegar hasta ti, lleva además su propia cuenta del mismo tipo, también sin cookies y también sin nombres. Si tu navegador pide que no lo midan, no lo mido. Y nada de esto se cruza nunca con lo que me escribes: tu mensaje lleva tu nombre porque tú me lo diste, las visitas no llevan ninguno.
Publicar tu mensaje en el sitio sería una cosa distinta, y por eso no te lo pido aquí. Si algún día quisiera hacerlo, te escribiría aparte, te enseñaría exactamente cómo quedaría y esperaría tu sí. Un silencio no es un sí, y haber aceptado este formulario tampoco lo es.
Puedes cambiar de opinión cuando quieras, también después de haber dicho que sí. Escríbeme a emanuelrdzv@gmail.com y te muestro lo que tengo tuyo, lo corrijo, lo borro, o quito de la página lo que ya estuviera publicado. No tienes que explicarme por qué.
Y una cosa que prefiero decirte de frente: esto es correo normal, no un canal cifrado. Cuando digo que tu mensaje es privado hablo de quién lo lee —yo—, no de cómo viaja por internet.
Si algo de esto cambia, publicaré la versión nueva en esta misma página, con su fecha, para que puedas ver qué cambió y cuándo.
Última actualización: 3 de septiembre de 2026